Historias · Amalia · Sentimientos

Amalia: pasión por el futbol

Como ya les conté en un post previo, Amalia fue un regalo de la vida en una época de nuestra vida. Estábamos en la semana 13 del embarazo y fuimos a una de las ecografías más esperadas: ¿será niño? ¿o niña?

La noticia le cayó como un baldado de agua fría a mi esposo, que se soñaba con tener el heredero, un crack, un compañero de vida para jugar y ver fútbol, que por supuesto es su pasión, su verdadero amor.

Una niña? Qué puede hacer uno con una niña además de ponerle vestidos y hacerle cholitos? Preguntó a la salida del consultorio….

Pues si señores, a los tres años Amalia pidió entrar a clases de fútbol. Clases para niños (hombres), de varias edades y varios niveles. Al principio, el profesor, con cierto temor por la niña, la empezó a poner a hacer los ejercicios a un lado y Amalia indignada pidió ser incluida con los demás niños. Cosa que no fue muy bien acogida por los otros niños, quienes la abucheaban y se burlaban cada que ella iba a hacer un tiro o a cobrar un penalty.

Llegó la diabetes a la vida de Amalia, ¿qué va a pasar con el futbol? ¿cómo lo vamos a manejar? efectivamente, nada pasó, esta condición tampoco la iba a frenar!

Amalia tiene algunos cuidados para practicar su deporte, cuidados que le ayudan a mantener controlada su diabetes:

– Chequeo de los niveles de azúcar previo al entrenamiento. 25 minutos antes de empezar revisamos, si está bajita consume algunos carbohidratos, si está alta ponemos insulina y empieza a tomar agua fría.
– En este momento de su vida Amalia juega con su bomba de insulina. Le estorba? Para nada, ella prefiere tenerla consigo, se siente mejor, la bomba es parte de Amalia.
– Si el entrenamiento, o partido, está intensivo o exigente, damos una revisada a los niveles de azúcar para evitar bajones e hipoglicemias.
– Amalia constantemente está atenta a los síntomas que le pueden dar señales de bajas o altas de azúcar.

Pasaron los días, los años. Amalia ha pasado por varias academias y escuelas, cada vez nos pide más y nosotros hemos tratado de acompañarla y apoyarla en el camino.

Finalmente, mi esposo consiguió su compañero de vida para compartir esta pasión!  Esta vez en cuerpo de su niña…. qué más le puede pedir a la vida?

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Amalia · Clemente · Educativo · Gabriela

Tengo diabetes, ahora qué puedo comer?

Buenas noticias, vas a poder comer de todo!

¿Cuál es el truco? 

  • Conocer y manejar listas de conteo de carbohidratos: el conteo de carbohidratos es muy útil porque te permite planificar las comidas de acuerdo a tus gustos y costumbres, a tus necesidades nutricionales y a la cantidad de energía que requieres en proporción a la actividad física que realizas cada día, debes ser moderado y responsable con las comidas.

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Tomado de: Clínica integral de la diabetes. Medellín, 2016.

 

  • Aprender a calcular la relación insulina/carbohidratos: la dosis de insulina que se utiliza depende de la cantidad de carbohidratos que se decida comer. Se debe aplicar con cada comida y aplicar la insulina varias veces al día con jeringa o con la bomba de insulina.

         500 ÷ dosis de insulina total diaria (DTI) = Gramos de carbohidratos que        (1)                                                                                              cubre una unidad de insulina rápida

Para los cálculos de la DTI se usa la MEDIA de la dosis total de insulina necesitada en tres días.

Por ejemplo: si te aplicas diariamente 7 unidades de insulina rápida y 3 de insulina lenta (o basal), entonces la dosis de insulina total diaria es de 10 (7 + 3).

Aplicando la fórmula (1):

500 ÷ 10 = 50 = Gramos de carbohidratos que cubre una unidad de insulina rápida

Significa que por cada 50 gramos de carbohidratos que consumas, debes aplicar 1 unidad de insulina rápida. La relación de insulina/ carbohidratos es 1:50.

  • Aprender acerca del factor de sensibilidad a la insulina (o el factor de corrección).

Para saber cuántas unidades de insulina de acción rápida debes aplicar si en determinado momento tienes un nivel de glucosa alto o bajo, debes usar el factor de corrección.

1800 ÷ DTI = factor de sensibilidad a la insulina (o factor de corrección)       (2)

Continuando con el ejemplo anterior y aplicando (2)
1800 ÷ 50 = 36factor de sensibilidad a la insulina (o factor de corrección)

Este 36 de factor de corrección significa que 1 unidad de insulina le producirá una bajada aproximada de glucemia de 36 mg/dl.

Cómo utilizar el factor de sensibilidad o de corrección para calcular el bolo corrector?

Glucometría real – glucometría meta  = Unidades de insulina extra que poner                                       Factor de corrección

Por ejemplo:
Glucometría real (antes de comer): 250 mg/dl
glucometría objetivo: 100 mg/dl
Factor de sensibilidad o corrección: 36

Aplicamos la fórmula 250–100/36 = 4 unidades extra que habría que administrar como dosis de corrección.

Mi sugerencia es integrar al grupo de acompañamiento a una nutricionista (que cuente carbohidratos y conozca de diabetes) y obviamente a tu endocrino y a tu pediatra. Es importante tener en cuenta que no todos los organismos son iguales, cada quien tiene sus propias necesidades. Lo que le sirve a Amalia puede que no le sirva a Clemente, a Gabriela o a otra personas.

 

 

 

 

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Abuelita de Amalia: la noche terrible

Siempre he compartido mucho con mis nietos; nací para ser abuela, me encanta disfrutarlos y más ahora que los papás trabajan tanto. Durante muchos años ha sido un plan que Amalia se vaya a dormir a mi casa, somos muy unidas y hacemos muchas cosas juntas.

Desde que a Amalia le hicieron el diagnóstico, he tratado de involucrarme en su manejo, conociendo la diabetes. Estuve en la primera cita con la nutricionista, cada que puedo la acompaño a sus citas médicas, me siento cómoda con la parte de salud y me gusta ser parte del equipo de apoyo de Amalia. Como parte del acompañamiento de Amalia, fui al curso inicial del manejo de la bomba de insulina, y en teoría con todo esto, sabía que debía hacer en casos especiales en donde se sube o baja el azúcar, pero en realidad cuando me toca quedarme sola con Amalia me bloqueo, me angustio, no soy capaz de tomar decisiones.

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Me daba mucho pesar, pues en el día soy capaz de ayudarle, ella ahora, con sus siete años cuenta muy bien carbohidratos, y es muy buena escogiendo la comida que más e conviene. Pero en las noches apenas hace poco lo hago más o menos bien.

Una noche me quedé con los niños, y a Amalia empezó a subírsele el azúcar alrededor de las 9 pm, y como Amalia se sentía preocupada se le subía más y más (el estrés y la ansiedad pueden subir el azúcar). Las dos tratamos de superar la situación solas, pero no fuimos capaces. A medida que pasaba la noche el azúcar subía más, yo sabía que era peligroso, le introducía los valores a la bomba de insulina para bajarla pero nada pasaba, incluso se seguía aumentando. Yo sabía que más de seis horas con el azúcar tan alta era muy peligroso, y al amanecer, alrededor de las 4 am tuve que llamar a los papás, la situación se empezó a poner peor: Amalia empezó a vomitar, no aguantaba el dolor de cabeza y nada le bajaba los niveles de azúcar, empezó a hacer una cetoacidosis. En ese momento yo me asusté mucho, Amalia era mi responsabilidad. Los papás de Amalia salieron de inmediato para la casa, apenas llegaron supieron que hacer, y afortunadamente a las dos horas Amalia ya estaba estable.

Esa noche fue una de las peores de mi vida y sobra decir la pena con los papás, pues me quedó grande su manejo. Mejor dicho no pasó nada que lamentar porque no era la noche.

Jamás se me olvidará pero ahora pasamos noches juntas con más frecuencia, y trato de estar más calmada. Llegará el día en que me sienta muy segura, ya que ella me ayuda a hacer lo que haya que hacer a su debido momento.

 

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Amalia: un nuevo año escolar

Esta semana empezamos un nuevo año escolar. Para todos papás un nuevo año escolar trae consigo muchas expectativas: ¿cómo serán sus profesores nuevos? ¿quién será el profesor titular (¿será fulanita? siempre tenemos alguna en la mente) ¿quiénes serán sus compañeritos? ¿qué cosas nuevas pasarán este año? como padres los motivamos y tratamos de prepararlos lo mejor posible para esta nueva etapa que inician, les compramos útiles, uniformes y ese primer día los despertamos con la mejor energía, los abrazamos y los entregamos al colegio, a los nuevos profes.
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Para nosotros, los papás de niños con diabetes, el inicio de un año nuevo es una mezcla de sentimientos grande: entre la emoción por verlos crecer y la angustia por todos los cambios que van a tener: ¿será el nuevo profesor consciente de la condición de mi hija? ¿estará pendiente? ¿Dimensionará las consecuencias de no monitorearla? ¿será protector o me le ayudará a empoderarse de su condición? para mí, es una carga emocional grande, de solo pensar en ese cambio se me hace un nudo en el pecho, se me aguan los ojos, me duele el corazón pero respiro y trato de darme fuerza, es solo un cambio de año escolar, Amalia va a poder y yo también.
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Cuando Amalia era más pequeña me iba para el colegio una semana antes del inicio de clases, llevaba impreso el “manual de instrucciones” (literal) de Amalia y se lo compartía a los profesores de Amalia, también les explicaba un poco sobre la diabetes. El colegio nos ha apoyado con estos cambios, y los profesores han sido “ángeles” que en su gran mayoría han demostrado compromiso y cada uno con su toque le ha dado un acompañamiento a Amalia que le ha ayudado a ser lo que es ahora.

Después de iniciar varios años con diabetes estoy son mis recomendaciones:

  • Imprimir una corta explicación de la condición: incluir foto del niño para que todos los profesores lo reconozcan, no le ofrezcan comida sin control y puedan ayudarlo en caso de necesitarlo. Ser concisos, explicar los rangos de hipoglicemia, los síntomas, y las medidas a tomar en caso de una baja de azúcar. Hacer lo mismo con la hiperglucemia. Incluir los datos de contacto por si tienen dudas, estar siempre disponibles para resolverlas.
  • De ser posible reunir a los profesores que están en contacto con el niño. Entregarles el documento preparado previamente. Explicar la diabetes y la importancia del control. Esto hacerlo muy sencillo, transmitir un mensaje corto pero claro.
  • Llevar una cajita con los suministros para tratar hipoglicemias: jugos, pastillas de glucosa o pequeños dulces (frunas o gomitas). Día a día enviar termo no con agua para tratar las hiperglicemias.
  • Enviar cada día el glucómetro y los materiales necesarios para sus chequeos.
  • Enviar la insulina.
  • Amalia llega su propia lonchera para controlar su alimentación. Desde la casa le incluimos un papelito en donde le recordamos los carbohidratos que contienen las comidas que va a tomar en el colegio, lo que facilita el cálculo de la dosis de insulina a suministrar.
  • En algunos años, sobretodo cuando estábamos empezando, le explicábamos la condición de Amalia a sus compañeritos, obviamente con lenguaje sencillo. Ahora ellos son los mejores aliados, la conocen y la apoyan, nunca han tenido un comentario despectivo sobre su condición.
  • Agradecerle a los profesores por su apoyo. Lo sabemos, los niños con diabetes requieren de un esfuerzo extra por parte de los profesores. Por lo tanto debemos agradecerles su acompañamiento.
  • Lo anterior debe ir ligado a una adecuada y constante comunicación para retroalimentarlos, corregirlos con paciencia.
  • Si en el colegio suelen celebrar cumpleaños o tienen eventos especiales, pídeles a los profesores que te lo notifiquen para que puedas acompañar la ingesta de carbohidratos con la dosis adecuada de insulina,
  • Finalmente, empoderar a nuestros hijos, delegarle ciertas responsabilidades de acuerdo a su edad. Irlos educando, darles confianza y seguridad. Asegúrarles que todo va a estar bien, que ellos no están solos, somos un equipo que los acompañamos, y ellos pronto serán personas autónomas.

Les comparto un documento que usamos durante varios años, espero les pueda servir: (XXXX tiene diabetes). Incluso, si tienen comentarios o recomendaciones que nos ayuden a mejorar, son bienvenidas!

Amalia · Colegio · Historias · Sentimientos

Amalia: ¡pobrecita la niña!

Esta frase la hemos oído tantas veces en estos tres años…

Lamentablemente, en nuestra ciudad, tenemos como costumbre el premiar a los niños con dulces. Por ejemplo, si un niño tiene un buen comportamiento en donde el médico el premio es un dulce, en los mercados, en los bancos y demás establecimientos públicos suelen tener dulces para “premiar” a los niños. Antes no lo había notado, es más, antes Amalia los recibía y no se los comía. A Amalia le encantan las frutas, verduras, carnes, lácteos, come de todo en general, y los dulces y la comida “chatarra” no eran su debilidad afortunadamente.

Después de su diagnóstico, una de nuestras primeras salidas juntas fue a un supermercado de nuestra ciudad. Caminábamos por uno de los pasillos cuando se nos acercó una señora mayor a ofrecernos un dulce como regalo del supermercado para Amalia.

La señora se presentó como la mamá del dueño del mercado y le extendió el dulce a Amalia. Estábamos muy novatas con la diabetes, no habíamos enfrentado una situación en donde a Amalia se le ofreciera dulce, me asusté, y solo quería que esa señora se desapareciera del planeta, estaba poniendo a prueba a Amalia y por ende a la preparación que le estábamos dando.

Sin embargo, Amalia sin titubear le contestó: no señora, gracias ¡Yo no como dulces! Sentí un fresco y una felicidad absoluta, mi sonrisa creció de oreja a oreja y creo que la felicidad me brotaba por los poros.

Sin embargo la felicidad no duró mucho. La señora se voltea hacia mí, me mira feo, y me dice: señora ¿por qué no deja que la niña coma dulce? Es una niña ¡déjela comerlos!

¿Qué tal? Yo cogí a Amalia de la mano y con mucha valentía le contesté: la niña no come dulces porque tiene diabetes. La señora, que no se esperaba esa respuesta de mi parte me responde: ¡ay, pobrecita la niña! y la mira a ella con una cara de lástima… fue ahí en donde se acabó mi felicidad, me derrumbó.

Amalia me pregunta: mamá ¿la señora por qué dice que pobrecita yo? (¿qué tal la pregunta?) y sin importarme la señora, me agaché, la cogí de las dos manitos y le contesté: Ama, porque la señora es una ignorante y no sabe lo que es la diabetes.

Amalia se sonrió, me mató el ojo, yo me tranquilicé, la abracé, me paré, le sonreí a la señora y seguí mi camino de la mano de Amalia. Nuevamente la felicidad volvió a mí, no importaba nada más, Amalia se sintió acompañada, se sintió grande al saber que tenía más conocimiento que una señora mayor.

Muchas veces le he dado vueltas a esa situación. Tal vez fui muy grosera con la señora que sólo quería ser amable con nosotros, quería darnos un detalle, ella no tenía por qué saber de la diabetes.

Este no ha sido el único caso en donde la reacción de las personas, al enterarse que Amalia tiene diabetes, es de responder: ¡pobrecita la niña! mi respuesta ahora ya no es tan apasionada, sé que las personas no tienen la misma información que tenemos nosotros, y simplemente sonrío y no dejo que me afecte, estoy blindada y lo mismo pasa ahora generalmente con Amalia.

 

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Invito a una reflexión: a veces es mejor no opinar ante las situaciones que desconocemos. Amalia no es una pobrecita, es una luchadora, su diabetes le ha traído muchos aprendizajes y enseñanzas ¿y saben qué? Aunque no lo creamos Amalia es orgullosa de vivir con diabetes, en varias ocasiones nos ha manifestado que le gusta vivir con diabetes, que se siente diferente, y que es muy consciente de su condición y que sabe que es ¡una persona especial! ¿Pueden creer eso?

Nosotros esperamos la cura de la diabetes, pero por ahora la diabetes es parte de nuestra rutina, de nuestra familia y de nuestras vidas, tanto que Agustín, a sus escasos tres años pregunta que cuándo va a llegar su bomba de insulina, y se ha enojado cuando le explicamos que ¡él no tiene diabetes!

Otra cosa, ahora que conocemos más la diabetes y su manejo, Amalia come como cualquier otro niño. Simplemente contamos carbohidratos, ponemos insulina y monitoreamos su glicemia. Eso sí, la diabetes la ha vuelto más selectiva, generalmente evita los excesos y es mas consciente de su autocuidado.

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¿Amalia, pobrecita? ¡nunca!

Amalia · Educativo · Historias · Sentimientos

Aprendiendo gracias a la diabetes

Mi nombre es Pablo, tengo 32 años y soy el tío y padrino de Amalia. En mi familia hay tendencia a ser más bien acuerpados, y siempre he tratado de cuidarme con la comida y hacer ejercicio para ser saludable. 

Cuando era más chiquita, Amy había vivido un tiempo en mi casa, y nos volvimos muy buenos amigos y cómplices. Aunque el diagnóstico de Amy fue un momento familiar muy difícil, para mí era un alivio saber por fin qué era lo que le estaba pasando, yo había estudiado unos semestres de medicina y tenía conocimiento de la Diabetes,diferenciando la tipo I, y  sabía que con un manejo adecuado puede tener una vida normal. 

Teniendo esta nueva regla de juego, empecé a volverme consciente de lo mal acostumbrados que estamos socialmente, la gran mayoría de detalles (de demostraciones de afecto), son comida. Y no porque Amy no pudiera comer nada, pues mientras sepa cuántos carbohidratos tiene (o se los calcule) puede comer prácticamente lo que sea. 

Pero empecé a estar más atento de esto. Antes se regalaban flores, o se escribían cartas, ahora es una chocolatina o algún dulce. Y uno o dos están bien, pero se nos empieza a volver costumbre y terminamos con una adicción latente que nos va haciendo más mal que bien a mediano y largo plazo. Y va más allá. Al reunirse en la casa de algún amigo, o visitar a alguien en la clínica, llevamos comida (harinas o dulces), que nos hacen quedar bien y no implican grandes inversiones o esfuerzos en la elección. 

Una de las cosas que he aprendido con Amy, es que los detalles no tienen que ser comida o costosos. Ella goza desde un sticker hasta un castillo de Lego. Más que el detalle es la experiencia asociada, el momento especial que se cree alrededor del regalo. Mi mamá les enseñó (A Amy y a su hermanito Agus) a hacer masa de harina, sal y agua. Básico. Y no se alcanzan a imaginar cómo gozan, lo que se les ocurre, y las horas que se entretienen sin una pantalla o algún otro estímulo. 

La comida, como los juguetes, debe ser para favorecer el desarrollo de los niños, más que para sobre-estimularlos momentáneamente. 

Ahora, miramos orgullos a Amalia cuando, en una piñata, dice que no quiere torta porque está muy dulce, o prefiere agua porque es más simple. Y no porque no pueda comer, sino por decisión personal, pues ella se ha vuelto, y nos ha vuelto, más consciente de la cantidad de azúcar en algunos alimentos y lo innecesaria (más que nociva) que se vuelve dentro de la dieta cotidiana.

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Pero de vez en cuando, seguimos disfrutando un helado, un paleta o unos chicles, porque mientras puedan, los niños serán niños…

 

Amalia · Historias · Sentimientos

Amalia: primera semana con diabetes

Uno de mis mayores temores, era salir de la clínica y enfrentarme a la nueva e inesperada realidad. Aún no habíamos asimilado la noticia, tenía miedo y demasiada información para poner en práctica. En la semana de hospitalización nos habían dado un curso intensivo de diabetes: conteo de carbohidratos, insulinas de acción rápida, insulina basal, glucometrías, efecto de ejercicio (del no ejercicio), del estrés y de las enfermedades en los niveles de azúcar, hipoglicemias, hiperglicemias, riesgos de la diabetes sin controlar. Un preámbulo, muy preliminar a todo lo que nos íbamos a enfrentar.

A partir de ese momento se fue creando un equipo médico que todavía hoy, en su mayoría, nos acompaña. Ya no estaba sólo la pediatra, sino también la endocrino, la nutricionista, la educadora en diabetes, el asesor de la EPS, el asesor de la póliza, un gentío. Más dudas y preguntas en mi cabeza ¿cómo íbamos a manejar tanta cosa? ¿cómo iba a hacer? ¿por dónde empezar?

Llegar a la casa, e iniciar esta nueva etapa de nuestras vidas fue todo un reto. Sentía mucho susto por la responsabilidad del manejo de la diabetes de Amalia, en ese momento ella tenía tan solo cuatro años, por lo tanto el control de su azúcar y de su condición dependía completamente del manejo que nosotros, como papás, le diéramos. La diabetes tipo 1 es una condición que si se maneja de manera adecuada permite que las personas puedan tener una expectativa de vida igual a la de las demás personas que no la padecen, y ¡ahí estaba el reto! como mamá de Amalia, sentía que esa era mi responsabilidad, y quería mantener a Amalia lo más controlada posible, pero no iba a ser fácil, tenía tanta información y tan poca práctica…

Todo en la vida se va dando. No voy a negar que fue difícil, fue muy difícil, fue casi una odisea el retomar la “rutina” sin hacer el duelo.

Para empezar yo trabajaba tiempo completo (además estaba en la mitad de mi doctorado) y ante una semana de ausencia por la “calamidad doméstica” era la hora de volver a mi trabajo. Los primeros días iba y me sentaba como un ente en mi oficina, no tenía mucha cabeza para realizar las actividades laborales, tenía mi cabeza con Amalia y con Agustín, sinceramente no sé cómo hice para lograr retomar mi rutina, creo que la vida nos va poniendo retos pero también nos da la fortaleza para enfrentarlos, además, como mamás siempre sacamos lo mejor de nosotros para que nuestros hijos estén lo mejor posible.

Es acá en donde debo reconocer el trabajo del equipo que hemos conformado alrededor de Amalia. Podría decir que en cierta forma yo he tomado el liderazgo del equipo, que es coliderado por Pablo, mi esposo, una persona que no es tan exigente y normativa como yo. Él suele ser más divertido, y juntos hemos ido encontrando el equilibrio entre lo que se debe hacer para controlar la diabetes de Amalia y lo que se puede hacer para que no olvidemos que es una niña y debemos ser más flexibles.

En nuestro equipo también están los abuelos, quienes desde el principio, y sin tener tiempo para hacer el duelo, siempre han estado ahí para apoyar a Amalia y para apoyarnos a nosotros. Me acuerdo poco de lo que sentían y vivían las personas a mi alrededor en la primera semana de la diabetes, pero nunca se me va a olvidar cuando una vez llegó el abuelo Óscar con una caja de confites para explicarle a Amalia que era la diabetes… el abuelo se había pasado noches enteras estudiando la diabetes, y con su creatividad que lo ha caracterizado, se le ocurrió explicarle a Amalia que su páncreas ya no funcionaba y que las células (que eran unos confites) ya no recibían el azúcar y por lo tanto no podían producir energía… Amalia sólo pensaba en comerse los confites, y yo sentía una angustia grande, porque en ese momento pensaba que ella no iba a poder comer dulce nunca más en su vida. La abuela Olga siempre ha estado ahí, ella nació para ser abuela, y con sus detalles diarios nos ha acompañado en este camino en infinitas ocasiones, y aunque yo sé que aún le da susto quedarse a solas con Amalia, siempre ha estado a nuestro lado ayudando para ser mejores personas, mejores padres y una mejor familia. Para la abuela Rocío y para el abuelo Federico el duelo ha sido un poco más duro, sé que todavía sufren en silencio por Amalia ¡pero ella les ha ido demostrando que es una luchadora!

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Volver a la rutina esta primera semana implicó muchas fórmulas matemáticas para contar carbohidratos y calcular dosis de insulina. Los carbohidratos, así como las proteínas y las grasas, son uno de los tres principales componentes de los alimentos que brindan energía y otros recursos que el cuerpo humano necesita. Deben ser parte de una dieta saludable para todas las personas, incluso para los niños que tienen diabetes. Pero los carbohidratos que se encuentran en los alimentos como las frutas, las harinas, y los dulces afectan el nivel de azúcar en la sangre, y por eso, en las personas con diabetes debemos conocer los carbohidratos que consumen para inyectar la dosis adecuada de insulina.

Pasábamos horas enteras preparando el menú de Amalia, pesábamos todo y haciamos regla de tres con cada uno de los ingredientes que le poniamos a las comidas según una tabla que nos dieron en la clínica y los supuestos carbohidratos relacionados con el peso.

A nuestra vida llegaron las glucometrías (glucómetro, tirillas, lancetas, algodón y alcohol), empezamos a medirle el azúcar a Amalia antes de las comidas y dos horas después.

Las glucometrías eran un ritual: lavada de manos, desinfección de manos con alcohol, cambio de aguja de punzón, busca y poner la tirilla, chuzón con cogida de la mano de Ama por el papá, llorada de Amalia (y encogida de corazón de una mamá aparentemente valiente), sacar la gota de sangre (ni mucha ni muy poquita porque ambos extremos alteran el resultado), esperar resultado, entender el resultado, anotarlo en unas planillas y calcular la dosis de insulina…. y debíamos realizar glucometrías antes de las comidas principales (preprandiales), dos horas después de las comidas principales (postprandiales), a las 2 am como control y cuando sospecháramos que se bajaba o subía el azúcar. Era todo un arte, nuevamente éramos payasos, cantábamos, reíamos y “gozábamos” para hacérselo más fácil pero por dentro nos encogíamos como pasas. Fueron muchas noches en vela, Amalia se dormía y yo lloraba, sentía que era demasiado para una chiquita, por mi cabeza pasaban muchos pensamientos que me quitaron fuerzas durante varios meses.

No se nos podía olvidar poner insulina con cada comida, otro ritual. Para esto también llegaron los cómodos lapiceros de insulina con nanoagujas de 4mm para la aplicación de la insulina bajo la piel de Amalia. El lapicero verde para la insulina de acción rápida, que se aplica con cada comida y para corregir las hiperglucemias. Y el lapicero gris con morado para la insulina basal, aquella insulina que se aplica sólo una vez al día y que permite mantener los niveles de azúcar para las actividades diarias. Para que fueran más atractivos para Amalia los lapiceros estaban llenos de calcomanías y stickers.

Glucómetro, tirillas, agujas y lapiceros pasaron a hacer parte de una riñonera que desde ese momento siempre acompaña a Amalia. Riñonera que ahora también tiene un jugo y varias pastillas de glucosa para sacar a Amalia de las hipoglicemias.

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Esa primera semana Amalia no fue al colegio, se quedó en la casa para conocerse, para irnos preparando para su reintegro al colegio. Ese fue otro gran temor en ese momento ¿cómo íbamos a hacer? Afortunadamente el colegio de Amalia siempre estuvo en contacto con nosotros y nos pusieron en contacto con Verónica, la mamá de Clemente que es un año menor que Amalia y tenía un año viviendo con diabetes. El colegio tenía dos casos de niños con diabetes, no era un tema nuevo para ellos. Y si bien cada niño es diferente, eso nos dio tranquilidad y enriqueció el proceso.

Fueron épocas de muchos cuestionamientos: ¿por qué a mi (nosotros)? ¿qué va a pasar a futuro? ¿cómo vamos a hacer? ¿qué hicimos mal? 

Llegué a pensar en tantas cosas: ¿cómo va a hacer cuando se vaya de viaje? ¿cómo va a planificar (¡Amalia tenía cuatro años! y yo pensaba en eso), ¿me la irán a rechazar los amigos, o la suegra? mi esposo se enojaba conmigo, pero yo sólo pensaba en lo difícil que sería la vida para Amalia de ahí en adelante… que equivocada estaba.

Otra equivocación, buscar información en Google sobre el tema, salen tantas cosas tan miedosas y con tanta ignorancia.

Mi sugerencia: ¡ir paso a paso, vivir día a día!

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