Historias · Amalia · Sentimientos

Amalia: pasión por el futbol

Como ya les conté en un post previo, Amalia fue un regalo de la vida en una época de nuestra vida. Estábamos en la semana 13 del embarazo y fuimos a una de las ecografías más esperadas: ¿será niño? ¿o niña?

La noticia le cayó como un baldado de agua fría a mi esposo, que se soñaba con tener el heredero, un crack, un compañero de vida para jugar y ver fútbol, que por supuesto es su pasión, su verdadero amor.

Una niña? Qué puede hacer uno con una niña además de ponerle vestidos y hacerle cholitos? Preguntó a la salida del consultorio….

Pues si señores, a los tres años Amalia pidió entrar a clases de fútbol. Clases para niños (hombres), de varias edades y varios niveles. Al principio, el profesor, con cierto temor por la niña, la empezó a poner a hacer los ejercicios a un lado y Amalia indignada pidió ser incluida con los demás niños. Cosa que no fue muy bien acogida por los otros niños, quienes la abucheaban y se burlaban cada que ella iba a hacer un tiro o a cobrar un penalty.

Llegó la diabetes a la vida de Amalia, ¿qué va a pasar con el futbol? ¿cómo lo vamos a manejar? efectivamente, nada pasó, esta condición tampoco la iba a frenar!

Amalia tiene algunos cuidados para practicar su deporte, cuidados que le ayudan a mantener controlada su diabetes:

– Chequeo de los niveles de azúcar previo al entrenamiento. 25 minutos antes de empezar revisamos, si está bajita consume algunos carbohidratos, si está alta ponemos insulina y empieza a tomar agua fría.
– En este momento de su vida Amalia juega con su bomba de insulina. Le estorba? Para nada, ella prefiere tenerla consigo, se siente mejor, la bomba es parte de Amalia.
– Si el entrenamiento, o partido, está intensivo o exigente, damos una revisada a los niveles de azúcar para evitar bajones e hipoglicemias.
– Amalia constantemente está atenta a los síntomas que le pueden dar señales de bajas o altas de azúcar.

Pasaron los días, los años. Amalia ha pasado por varias academias y escuelas, cada vez nos pide más y nosotros hemos tratado de acompañarla y apoyarla en el camino.

Finalmente, mi esposo consiguió su compañero de vida para compartir esta pasión!  Esta vez en cuerpo de su niña…. qué más le puede pedir a la vida?

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