Clemente·Historias

Clemente ¿cómo le explicas a un niño de tres años que tiene diabetes?

Finalmente salimos del Hospital, la mejoría de Clemente era notoria. Hogar dulce hogar, cuanta falta nos hiciste.

Ahora si empezó lo difícil, calcule alimentos, pida cita donde nutricionista, vaya al mercado y cambie la mayoría de cosas, las idas a mercar ya no eran de una hora sino de tres leyendo cada etiqueta nutricional pero llame aproximadamente cada 20 minutos a la casa a ver si Clemente estaba bien porque el síndrome de Mamá intensa, sobreprotectora estaba al 200%. Finalmente, hicimos todo lo sugerido al salir del hospital para poder empezar a conocer y a entender que era la Diabetes.

La cosa es que esto no es como aprender a leer que se hace poco a poco todos los días letra por letra con la ayuda de  la mamá, sino que es como llegar al examen final con un libro de 300 hojas.

Los errores fueron monumentales unos más graves que otros y con un cargo de conciencia terrible porque estas experimentando en tu mayor tesoro.

Hasta que un día ese tesoro se cansó y preguntó: “mamá? por cuanto tiempo me tienes que seguir chuzando? Qué es Diabetes?” La verdad quedé sin palabras y fue en ese momento que me dije a mi misma: ojo Verónica que lo que digas es para toda la vida.

Preferí no decir nada sino que lo invité a jugar. Clemente ama los animales y desde pequeño ha tenido una habilidad innata por saber todo de ellos, en especial los dinosaurios, así que sacamos su colección de todo tipo de animales y dinosaurios.

 

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El juego era reconocer las diferencias entre ellos, recuerdo que empezamos con el león y la tortuga, obviamente yo era la tortuga, según él por qué era lenta y perezosa.

Cada uno empezó a decir las habilidades de su animal y sus diferencias, después de que yo mencionara todas las habilidades de la tortuga pudo ver que a pesar de ser lenta tenia cosas que el león no podía tener y que a veces era mejor ser lenta, después terminó él siendo la tortuga. Así jugamos toda la tarde hasta diferenciar todos los animales y dinosaurios, comprendiendo que cada uno era diferente pero con cualidades especiales.

Le propuse que nos diferenciáramos entre nosotros, así que empezamos por el aspecto físico, le pregunte que si veía cosas malas en mi por ser diferente a él, su respuesta fue NO, así que decidí tocar el tema de la Diabetes y el mejor ejemplo que pude usar fue, YO misma.

Les cuento que yo no veo mucho de lejos y a mucho me refiero que veo poquito, poquito. Él siempre me preguntaba por qué me ponía gafas y mi respuesta era: porque no veo bien.

Así, que le expliqué que como todos éramos diferentes, algunas personas tenían algunas partes del cuerpo débiles o enfermas y debíamos de ayudarlas, y yo necesitaba ayudarle a mi cuerpo para ver mejor porque mis ojos hace muchos años ya no funcionaban bien. Utilizando las gafas para ver de lejos era mi manera de ayudarle a mis ojos y a mi cuerpo.

Como todo niño inocente, sin maldad, sin malicia su reacción fue pura y sincera y me preguntó que por qué se habían enfermado mis ojos, mi respuesta fue simple, NO sé, simplemente me pasó. Decidí cuestionarlo para que él pensara y viera el propósito que yo quería que viera pero que no podía decirle con palabras propias.

Le pregunté que pensaba si yo no me ponía gafas y decidía no ayudarle a mi cuerpo. Hablamos de su abuelo, que tiene marcapasos, y de sus cuidados y consecuencias si no le ayudaba a su cuerpo con el tratamiento especial para el corazón.

Finalmente, llegamos a él y decidí rayarle su diminuta barriguita para mostrarle ese pequeño órgano, llamado páncreas, que había dejado de funcionar porque se había enfermado y que ahora él necesitaba ayudarle a su cuerpo para poder vivir. La ayuda consistía en inyectar insulina que era la labor del páncreas en el cuerpo y ya no la hacía. Esa insulina se inyectaba por medio de todos esos chuzones que había que hacerle día a día.

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2 comentarios sobre “Clemente ¿cómo le explicas a un niño de tres años que tiene diabetes?

  1. Sos una Tesaaaaaa! Todavía me parece increíble cada parte de la historia de Clemente. Conocerlo y vivir esta experiencia a través de él y de la entrega que cada día tenés es increíble. No me imagino lo que pasaba por tu corazón con ese: “Cuánto tiempo me tienes que seguir chuzando?” Cuando Clemente llegó a mí vida, ya yo le tenía confianza al cuento de hacerse la gluco y ver que se chuzara…. O eso pensaba yo! Las primeras veces todavía me acuerdo que me daba dolor a mi ver que se chuzara, hasta que finalmente fue él quién haciéndome reír con un brinco para asustarme o más bien quitarme el miedo de pensar que lo lastimaba, fue que me sentí más segura para estar día a día acompañandolo en el colegio. Que grandes enseñanzas me dejas Vero! Acá hay Sofi para rato 🙂

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