Clemente·Historias

Parte 1: ¿Qué le pasa a mi hijo Clemente?

Con tan solo 22 años, me encuentro preguntándome ¿qué le pasa a mi hijo Clemente de 3 años?… algo no está bien, minuto a minuto me cuestionaba sí era normal o no lo que percibía.

Para mí fue como si me cambiaran mi hijo mientras dormía. Pasó de ser un niño tranquilo y feliz a hacer pataletas y llorar por todo. Con el pasar de los días los síntomas empeoraban y llegaban otros nuevos, comenzaron las enfermedades constantes, alergias, enfermedades respiratorias y otro tema ya superado volvió a suceder: se empezó a mojar la ropa, durante la noche especialmente.

Mis miedos y preguntas ya no eran solo mías, sino de los familiares… ¿Qué le pasa al niño?, ¿por qué esta así?, él no era así, ¿qué tiene? Eran las preguntas más frecuentes. Sentía rabia e impotencia pero sabía que algo estaba mal.

El pediatra decía: es normal, sácalo del jardín, él no tiene nada. Las idas a Urgencias se volvieron cada vez más frecuentes por todas enfermedades o virus que le daban y aparentemente solo era que tenía defensas bajas.

Tanto así que tuvimos que ir al Hospital San Vicente de Paúl a hacerle exámenes de sangre más especializados para encontrar qué deficiencia tenía, que no producía defensas y en caso positivo someterlo a un tratamiento especial, el cual no solo era muy costoso sino traumático para el paciente sobre todo tratándose de un niño.

Sacarle sangre al niño era una tortura no solo para él, que tenía que aguantar varios intentos fallidos para encontrar la vena… sino también para uno como mamá.

Ahora no era solamente el niño el que aparentemente estaba enfermo sino yo, su cuidadora, su madre, su TODO.

Se me bajó mucho la presión, estaba débil, sin ánimos de nada porque me sentía indefensa, deprimida… sin embargo mi lucha de madre es diaria y constante y siempre he estado ahí presente.

Pasaron días, semanas, hasta meses y sus síntomas continuaban, es decir, se enfermaba continuamente, estuvo hospitalizado por micoplasma ocho días. Durante los días hospitalizado lo vimos muy ansioso y hasta agresivo, pero pensamos que era debido al encierro en la clínica. Cuando salió de la hospitalización, en casa continuó igual. Pero con el agravante de que tomaba más agua de la cuenta y orinaba mucho, sumándole cansancio y ganas de dormir a toda hora.

No estoy segura si fue que nos acostumbramos a verlo así. Solo recuerdo a mi madre preguntándome cada vez que veía al niño ¿qué jarabe le estás dando que tiene aliento a frutas y por qué se ve tan flaco?

Un fin de semana decidí decirle a mi madre que se llevara al niño a dormir a su casa porque me encontraba muy cansada. El niño pasó el fin de semana con los abuelos, pero ellos notaron un comportamiento diferente en él. No era el niño activo y feliz, se veía cansado y decaído y continuamente pedía agua sin descanso. De regreso a la casa, mi madre me contó todos los síntomas que había notado extraños: el niño está pidiendo mucha comida, dulce, mucha agua y cada vez se ve más flaco, está muy decaído y hace mucho pipí… me dijo que ella sabía que algunos eran síntomas de la diabetes.

Mi esposo busco en Google síntomas de la diabetes y prácticamente era como si hablaran de Clemente. Esa noche no dormí, la angustia y el miedo crecieron de una forma inexplicable hasta que la noche por fin acabó y estaba decidida a ir a Urgencias y que le hicieran lo que fuera necesario hasta saber que tenía.

Clemente ese día se levantó más tarde de lo normal, mucho más. Eran las 10 de la mañana y él estaba despierto pero somnoliento y me dijo “quiero volverme a dormir”, ahí supe que algo ya estaba de verdad mal y debía correr, lo bañé y solo recuerdo lo flaco que lo veía, en ese momento pensé que tenía cáncer (porque también estaba de un color diferente).

Me dirigí a las Urgencias de la clínica más cercana, entrando allí él me repetía que tenía demasiada sed que por favor le diera agua, yo no le quería dar nada porque iba dispuesta a que le hicieran todos los exámenes necesarios, pero la espera fue tanta para que nos atendieran que termine dándole agua, se tomó una botella en 2 segundos, cuando terminó me dijo que más y le compré otra, se terminó la otra botella y el niño se desplomó en mis pies.

Acá comenzó la pesadilla. Salió la enfermera, luego el pediatra, yo gritaba: ¡Ayúdenlo!.

En medio del caos, el pediatra me dijo: con una palabra dígame que tiene. Yo solo respondí: pide mucha agua. Él pidió un glucómetro, le hicieron el chequeo y yo veía HI, ellos repetían y volvía a salir HI. No entendía que pasaba, no sabía que era HI, no sabía que era un glucómetro.

Mientras a mí me calmaba la jefe de enfermeras y me intentaba explicar qué pasaba, el pediatra estabilizó a Clemente y le inició goteo de insulina. Cuando entré a verlo no lo reconocí, estaba pálido, adormecido, la boca seca con babaza, yo respiré hondo y saqué fuerzas de lo más profundo de mi ser, lo abracé y le dije que todo iba a estar bien, que mamá estaba a su lado y que no se preocupara y contuve mis lágrimas.

Llamé a mi esposo, a mi mamá y les conté. Mi esposo no entendía, no creía, alzaba su voz, estaba inquieto, hasta que decidí que era mejor que se saliera porque su reacción podría alterar a Clemente, mi mamá entró, fue más calmada y me ayudó.

Salieron los resultados de los exámenes de laboratorio, eran exageradamente malos y altos unos niveles importantes del cuerpo que a momento yo no entendía NADA. De lo poco que entendía solo se que me dijeron este niño es un milagro porque sus niveles están en cifras de un coma diabético, eso sí sabía qué era y me angustié.

El médico avisó a las enfermeras que había que pedir ambulancia y mandarlo a la UCI a otro hospital porque allí no había equipo interdisciplinario para atender el caso. En ningún hospital de Medellín había camas disponibles en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Por suerte una amiga de mi mamá era muy conocida del Gerente del Hospital Pablo Tobón y la recomendación de él fue de inmediato llevarlo para este Hospital, donde había un grupo especializado para brindar toda la ayuda. Clemente, con tan solo 3 años no entendía nada, él solo estaba emocionado porque iba a montar en ambulancia y le iban a prender la sirena.

Parte 2: ¿Qué le pasa a mi hijo Clemente?

 

 

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